miércoles, diciembre 12, 2012

Carboncillo

- Amor, ¿estás despierta? tus primos siguen dejando mensajes y recados con carboncillo en la puerta del cuarto, hay que decirles que dejen de hacerlo. ¿no?. Por cierto, llamaron del banco. -

Y me volví a dormir, con el sonido del tren que pasa muy cerca de nuestro edificio, todo el día y toda la noche, volví del baño, mientras orinaba pasó un tren y los cepillos de dientes chocaban contra el frasquito de vidrio, y entre sí, temblando desesperados. No me había fijado cuan cerca vivíamos del tren, sentí una sensación de pánico que me hizo despertar.

- Amor ¿estás despierta? nuestra ventana está muy cerca de la línea del tren -

Miré hacia la ventana y había un viejo arrugado con un abrigo azul desteñido mirando hacia nuestra ventana. Pensé que todo el mundo nos veía desde el tren, veían todo lo que hacíamos en el cuarto. Las cosas malas y las peores. Nos cruzamos las miradas con el viejo, me sentí desnudo, vulnerable. Su tren empezó a rodar. El nuestro también.

- ¿Qué hacemos en este tren?   Amor, ¿estás despierta? ¿cómo llegamos a este tren? -
- Duérmete - Me dijo.
- ¿En qué momento llegamos? -
- A las dos. - Me dijo.
- Pero esta línea no nos sirve, esta es la K. -
- ¡Tú me dijiste que esta era la línea! - Despertó del todo.
- Hay que cambiarnos de línea.

Llegamos en el tren de la línea Q. Era un festival de rock en un colegio abandonado. Todo estaba bien, un par de buenas bandas. Pero la gente empezó a drogarse. Exageraron con la droga, ácidos tal vez. Se volvieron hacia nosotros, que no nos habíamos drogado, como zombies, atacándonos, y así con todos los que no se habían drogado como nosotros. Todos los que no estábamos drogados corrimos hacia un salón y cerramos la puerta con seguro. Había un aviso escrito con carboncillo en el tablero.

"Hay droga en el escritorio".