martes, septiembre 09, 2014

El frío de las cosas.

Saqué un cigarrillo de entre el frío, todo blanco el cigarrillo. Y yo.  Más de treinta ¿tal vez?  Lo prendí -lo-puse-en-la-boca-salí. Salivaba, iba, venía y salía. No fumo, es sólo un ademán de jardín. Así parece que estoy en una película aguda. Que esto es una película. Ante de los nervios en la garganta, ante la encrucijada, tengo una audiencia que me ve refinado tras la pose del humo claroscuro. Ese olor me gusta a mí. El olor del claroscuro, el de las cosas que pasan no. Ahora suceden, eso es seguro, pero no pasan, ahí están las cosas. Como que me miran desde adentro y por eso salí, como si al frío no se atrevieran a salir. Debería fumarme un porro clemente, drogarme, salir un poco más y de mí. Pero no, eso sería otra cosa. Y ya hay suficientes cosas. Cierro la reja, por las dudas. No porque las dudas salgan, las dudas las tengo acá, apartadas de las cosas, dudas y cosas no quiero mezclar y ya el cigarrillo se quemó todo, era el único porque no fumo. Allá dejo las cosas, me voy, hemos matado a varios, hemos cumplido nuestra macabra palabra, nuestro plan maldito, exquisito. Por eso salivaba, el plan era delicioso, y entonces yo lo recordaba y me llenaba la boca de babas. Los habíamos matado impecablemente, perdí la cuenta de los muertos y la bebida, el checklist de nuestros aciertos, más de treinta, tal vez. Cuando empezamos, los anotábamos muerto por muerto, muertos de alegría con un whiskey, sírveme otro Luisito, que sabe bien la muerte, sin hielo, un poco nomás, es fuerte el sabor de la muerte alrededor, hielo por favor y la lista en el primer cajón. Luego quemamos la lista cobriza, de alguna forma le quitaba elegancia a nuestra masacre de largo aliento, era egoísta. Luna llena claro, clara, pero baja, ilumina a un pastor alemán cagando, el dueño listo a agarrar la caca con la mano y ponerla en la basura, no lo hace y ahora voy a matarlo sin mediar palabra y a sus hermanas. Mientras le hundo a su dueño una navaja, el perro ladra, un gruñido, dos ladridos, tres, cuatro, cinco diez puñaladas, y otra certera, se la dejo adentro, entera, y a él, tendido en el pasto, el perro lo lame, siento pena por el perro y estoy cansado, pero valió la pena el gasto, valió la decimotercera. Quisiera otro cigarrillo, hacer mi gesto de fumar mientras no fumo y acariciar al perro que sigue lamiendo a lo que era su dueño, pero el dueño levanta la mierda del piso y me ahorra el trabajo. Vuelvo a mirar las cosas desde afuera. Hoy debería ser noche de crimen, pero ninguna noche será ya sublime, no para nosotros, nosotros ahora es sólo mi rostro, a Luisito lo encontraron primero, Luisito ya está en otra lista. Que me van a encontrar, que me van a ver, que no voy a correr, pero voy a pelear,  que mi espíritu suicida va a saltar por fin antes que mi cuerpo sea prisionero. Esas, esas son las cosas que veo desde afuera, las veo porque dejé la luz encendida antes de salir con el cigarrillo y las nubes ocultaron la luz de la luna, quisiera que todo se repitiera, quisiera que todo se repitiera.  Hace mucho frío, pero yo no tiemblo, dejé de temblar desde mi segundo muerto, el ex alcalde, el cuarto de la lista, cuando había lista y muertos.  Por vez primera hay un gusto amargo en el aire, siento que me quiebro y me siento en el pasto, me siento pasto y espero al lado del cedro.


Vienen las cosas que resplandecen, no voy a correr, ahí vienen con luces, corren hacia mí, son reflejos de luces que me gritan, que muestre mis manos, que no me levante, me molesta que sepan que soy yo quien mató a todos, pero para pelear tengo que ponerme en pie, tengo una navaja, la luna sale al tiempo con mi navaja, navaja luna y yo, un tiro repentino en mi cabeza, se siente caliente, como esa vez. Entonces no veo la luna baja,  entonces no velas cosas, no veo ni peleo. El perro chilla en off, más hielo, salud, misericordia.