martes, febrero 19, 2008

Mito en tres actos

Primera escena (única):


De la lluvia, las mariposas y la gloria.

El tiempo era diferente, existía, pero solo en sus cabezas, no era sagrado.
Esta historia comienza en el tiempo del día en que las sombras vuelven a empezar a desarrollarse.


Acto I: La lluvia


Se trata de las almas -dos- que viajaban en la barriga de una oruga roja, una de ellas tenía dos hermosos brazaletes de un color enigmático, adornadas con círculos graciosos.
Un viaje dictó silencio, sólo hasta que la oruga abrió su médula, en la casa de aquel que gobierna en nombre del errisopo. El cielo simplemente coqueteó durante todo el día, claro, tenía que hacerse notar, dejando al descubierto su ojo amarillo primero, abriendo todo su ser después, empapando a las inquietas almas mondovientes..
Ya afuera de la oruga y bajo el yugo de la intemperie, las almas buscaron refugio, tratando de permanecer flotando entre el aire que se había tornado albumiso, ellas no eran hábiles aún para esquivar cada una de las gotas que caían del flirteo del techo de su único mundo.
Supieron pues, llegar hasta su fatal destino, el afán de evitar el agua, y estar preparadas, las llevó a arribar antes de que aquel lugar, tan frívolo como el que más, al menos hasta la presencia del Zar, abriera sus meartacas.
Las almas supieron la inutilidad de permanecer allí aguardando y no persistieron mucho en plantarse a las afueras del sitio. Se arrojaron, entonces, al mundo, que había dejado de jugar desde las alturas. Este hecho, fue quizás, la prueba para aspirar y hacer suya, la escena fatal que se obligaban a presenciar.
La prueba en realidad fue una batalla, que contó con dos buenos guerreros. La mayor, enviada por Cronos, con su aspecto anémico, alargado: La Espera. El otro, obeso, con un color meloso, lerdo a su paso, pero difícil de derrumbar: El Hambre. El panorama no era cómodo para las almas, y lucía gris, pero pronto se llenó de una preciosa gama de colores, al llegar caladas, unas hermosas aliadas, aladas y engalanadas mariposas gigantes, que combatieron junto a las almas, en el prado convertido en arena.


Acto II: Las Mariposas

La pelea comenzó sin aviso, y algunas mariposas caían rápidamente, otras, dada su gracia y capacidad de hipnotismo oponían mayor resistencia a la monstruosa Espera, agitando sus alas y dibujando esencias a su alrededor, las almas cabalgaban sobre una y otra amriposa, después parecían revolotear tal y como las mariposas, perdiéndose de la vista de La Espera. Fue todo tan mágico, policromático y con tanta luz, que La Espera se contrajo, y fue luego tan diminuta, que aunque existía, dejó de existir. En cuanto al Hambre, hasta el día de hoy ningún testigo recuerda cómo lograron desaparecerla.

Pensaron pues las almas, que habían superado la prueba, dispusieron volver al recinto. Fueron diligentes en su flotar esta vez, flotaron deprisa y sin cautela, dejando pistas que serían halladas por la espera, que aún existía. Esta imprudencia de las almas hizo que La Espera ganara un segundo respiro y retomara su ímpetu, una terrible batalla se libró enfrente de las puertas del recinto. Las mariposas soñaban ya, y no estaban dispuestas para la guerra. Y en realidad fue terrible, La Espera supo cómo herir las almas, torturándolas, atormentándolas, una y otra vez, se placía de su maldad, aún así, las almas nunca pensaron en rendirse, porque de alguna forma sabían, por sueños, lo que sucedería allí.

La espera había desecho a las almas que estaban tendidas en el fondo de una fosa, cuando más mortificaba La Espera a las almas, bastó solo un susurro del Zar, sólo el sentir su presencia para reducir dicho monstruo a cenizas. Y sólo hasta ese momento se percataron de otras muchas almas que también anhelaban ingresar para el fatal suceso.


Acto III :La gloria


Despacio, y una por una, fueron las almas ingresando al lugar, murmuraban entre ellas, especulando acerca del Zar y el fatal acto que estaban esperando. Había un espacio para el rito, mientras tanto, como solía y aún suele suceder, un bufón anunciaba de absurdas maneras los pasos del Zar hacia el altar. Las almas se miraban entre sí y oían perfectas melodías mientras la ansiedad los investía.

Todas las almas sintieron los mismo, un perpetuo congelamiento en tan sólo tres segundos, antes de verlo, casi no cabía en aquel sitio, que ante su presencia se desvaneció, todo se desvaneció y el mundo ahora era sólo para él, esto es lo único que puedo decir, lo que hizo durante la noche y de la forma en que las almas fueron poseídas por él, es inútil tratar de explicarlo nadie me lo ha podido decir,, hizo realidad todos los sueños de su infinita grandeza, embriagó y enloqueció a cada una de las almas, con cada episodio.

El blanco Zar cantó y tocó su prodigioso instrumento, haciendo que sus melodías rebasaran la imaginación, lo hizo por toda la noche, terminó con el mayor júbilo de las almas que cayeron agonizantes cuando el Zar desapareció dejándoles el cóctel de gloria y muerte.

Cuentan que nuestras amigas almas, encontraron después un aliado, que las ayudó a encontrarse con el Zar, este episodio fue mortal, decir que el Zar las tomó robadas para siempre, merecería otro relato, menos profano que este, pero es tan sólo un mito, como lo que acabo de contar, que es tan solo eso, un mito.

lunes, febrero 11, 2008

Curso Intensivo de Geografía Recóndita.

Bueno, pues tomábamos cerveza en un bar en San Telmo, en una esquina junto a esos cilindros rojos que alguna vez sirvieron de correo. De pronto se acerca un rubio feo con una postal en la mano y pregunta:

- Dis uorcs as a post box?
- Nat enimor, le dijimos.
- Oh… zenx

Entonces me dio curiosidad, metí la mano, arriesgándome a encontrar cualquier hongo (o infección) y encontré esta carta:

Buenos Aires, 14 de Julio de 2007.

A mi amada Eusebia

Negla com testraño mi negla linda, Buenos Aires e’ muy fría negla, nunca me contalon todo negla, nuca me dijeron que tenía que pasá po’ ete flío. Se me Congelan los huesos neeeeegla, acá onde vivo, e’ un primel piso, y el piso e’ de concleto esto no e’ como mi Buenos Aires querido, en el que yo vivía calentito con tigo mi negla linda, acá no hay raza negla todos son inmiglantes Eusebia po’ Dió, acá en Buenos Aires no hay el sabor y la neglura de Buenos Aires. Dicen que luego a fin de año empieza el caló negla, pue ojalá ¿oyó? Polque tengo la piel de gallina a toda hola y no puedo jugá bien al fúbol, etoy que me devuelvo pallá pa Buenos Aires ¿oiga? Pelo es má, dicen que en diciemble esta ciudá va a estal mas Caliente quel propio Buenos Aires ¿oiga? Pue’ má les vale polque osinó e quedan sin el talento dejte neglo. De toda folma te plometo negla que te traigo a Buenos Aires pa que baile tango negla, que e má facil que el mapalé le digo, pa que salga de allá de Buenos Aires y conojca otros mundo mirá, y que no diga que sólo la he llevado a Bahía solano

Con Fervor

Yeferson.

Para mi fue de una vez obvio que era un compatriota del Chocó, pero me pareció que el Niche estaba algo chiflado, no entendía, recordé entonces que en Bogotá existe un barrio llamado Buenos Aires, que queda en San Cristóbal, donde aparte del veinte de julio también están, por ejemplo, Barcelona, La gran Colombia, Montecarlo, Malvinas, Sagrada Familia, Suramérica, Canadá y Atenas.

Así que dije bueno, el negro vivía en el ignoto Buenos Aires – San Cristóbal. Pero en la carta se quejaba del frío… y si bien hace frío en invierno, no es para tanto –pensé-

Así que agarré un mapa de Colombia y busqué Bahía Solano –la otra referencia geográfica de la carta, que queda en el departamento del Chocó, y entonces lo vi… SU Buenos Aires querido… en Chocó, ¡el oscuro vivía en Buenos Aires Colombia!

Ahora, no se si es chocó o ya es Panamá, de todas formas, algo queda claro si quiere ser cosmopolita no hace falta salir de la patria.

martes, febrero 05, 2008

Recuerdo que... (Parte I)

Chocolata, néctar del resto de tu rojo jet, aquel bebé que imagina tobillos económicos de muelitas doradas, fijadas con semillas vivas, que retozan sobre ellas. Acuarelas milagrosas privadas de provecho por notas graves para su piel de caramelo virgen, doloroso aroma sin almendras musicales, esas fajas tonales arrítmicas, pero las únicas galletas de recuerdos cremosos, deliciosos momentos atrapados entre palmas de voces.

Juanita, falta que quieras la interpretación querida, cicatriz cardiaca, peluda alfombra que me suaviza la radio antigua del abuelo pop, el estudio barbado sin canas pesadas descansando más abajo del disco florecido, para esperar tranquilo a mamá hada, escotada, graciosa espalda huesuda salpicada de cacao bailarín, novato en maderas maleables, pino verde ondulado por tus caderas primerizas, llenas de aquel delicado susurro: 'ssssssshhhhh?'

Encantado de grandes amores, que yacían levitando otros chocolates, parecidos a esos pedacitos de cielo, que burbujean silenciosos, mi Juanita, doble dosis en cucharita dulcera, rebosante, que jamás termina de sentir fiebre azul, que expande las neuronas embriagadas sin control, sobre el almuerzo trasnochado con cariño, derretido hasta simplemente hacer bollitos naftalina, impregnados de equivocaciones lácteas, gaseosas y efímeras piedrecillas asesinas capaces.

Me llenas sin parar, solitarios enamorados, alejados chocolatines salados, apenas arrullados con esferas bíblicas revertidas, aunque estén untadas con jalea real, igual de rouge marino al amanecer, espesa. Deseos de canciones viejas diluidas para nuestra lengua seca, que envenena tiernamente y entierra sus dos cultivos de niños, semejantes al maíz mutante decolorado según los sabios cuervos. Ya habían engañado siete lustros piramidales.

Preparadas para cambiar el viaje, desde oír hasta tener orejas prudentes, señal femenina de poesías inacabadas, peinadas con pétalos que tienen sed nocturna, ansias anticuadas y drogadas bestias malandrinas, pepas trituradas antes de parir pañuelos enormes, satinados con besos rubios, muertos de perlas fenomenales, sintéticas bolitas en fa de él mismo

lunes, febrero 04, 2008

Igual, Luego sale el sol.

Por estos días en el cielo de Buenos Aires se pueden apreciar tres luceros:

La luna Júpiter y venus, lindo es, pero no es tan extraordinario, por qué? y bueno....


Es un cuarto todo de madera piso pared y techo, color tierra, huele a vino y a pipa. Una lámpara vieja, Antonio en el sillón y Juana en la alfombra del piso.


A: Es mentira Juana (dándole un golpe al diario con el dorso de la mano)

J: Eh? (Juana se quita los audífonos)

A: Esto… lo de la luna. (dirije la mirada a Juana agachando su cabeza para hacerlos sobre los lentes que tiene puestos)

J: ¿Que el hombre llegó a la luna? ¿Qué es un montaje norteamericano?

A: No, que hay una sola luna.

J: Ya tengo con lo de que este… ¿Cuál era? El planeta que ahora no es planeta.

A: El planeta de los simios. (Dice la frase con una risa más tonta que el comentario)

J: Plutón.

A: Ese, si, era obvio, yo me lo suponía, nunca me pareció verle cara de planeta, lo que no me explico es como estos señores y señoritas, (retira la pipa de su boca para hacer énfasis de la idea) porque como están las cosas ya hay señoritas allá en esos asuntos astronómicos trabajando, no se han dado cuenta que no hay una sola luna.

J: (Con cara de insatisfacción) ¿Cuántas hay?

A: Qué pregunta es esa Juana por Neptuno!!!

J: (Entrecierra los ojos) A ver… Cuántas hay…

A: ¡Pues las que quieras!

J: Claro… (Se pone los audífonos.)

A: (hablando entre dientes) ‘La’ luna, como se atreven.

J: Bueno ¡Ya! (se quita nuevamente los audífonos) Cuál es el problema este con la Luna.

A: Pues… ¿cuántas lunas no han regalado los amantes?

J: Ay por favor, era eso?

A: Pues, si.

J: ¿Algo más?

A: Una última cosa, ¿has visto la luna mientras caminas?

J: Claro.

A: ¿Se va con tu andar?

J: Pues eso parece.

A: Con el mío también, cada uno tiene su luna Juana, ¿ves?

J: Ah ya, y la Gioconda tiene mil ojos. (se pone los audífonos mientras dice eso)

A: ¿Ah si? No sabía… de todas formas Juana, te regalo la luna.