sábado, abril 18, 2009

Parablanquita

Dedícolo/la a Plalo/la.
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Sh!
Esperá.
Esperá un momentito!

Y todo el vestido rojo, todo de ella se da la vuelta. Y ella se queda en el umbral. Llorando, pero sin quejarse.

Dejame que te explique.

Parte la ridícula impro de él, dos puntos aparte.

Yo te estaba esperando en la placita. Junto al canil ese que huele a mierda. En la banquita donde un día nos sentamos a hablar, tierna, mente, y fue nuestro lo nuestro por mucho tiempo presente. El pasado es perfecto.

Te lo juro.

En frente mío estaba esta mina, en la banquita blanquita donde nos habíamos sentado antes, y me habías dicho todo mal con vos me partiste en dos y hacia la avenida corriste y yo te alcancé y nos sentamos en la banquita marrón donde fue nuestro lo nuestro sin signos de puntuación.

Ahí estaba, mirándola a esta mina que se fumaba un porro mientras su nariz la hacía fea y me miraba, fumaba como dama, pero me miraba.

Ella se sentó, no porque lo quisiera, quería el final de su historia (ya te lo sabes boba).

Bueno, la mina ésta, se para, para tomar el colectivo, y no repara, que un frasco de vidriotinto y tapa roja, como el vestido que llevas puesto y tu cinto…

Ella se mira el vestido como si no lo conociera, como si él no lo conociera.

…y alcanzo a ver que hay algo adentro. Y yo no llevaba puesto los anteojos, y no supe en un principio qué era, porsupuesto. Yo no soy de gritar por la calle, espero que se dé cuenta la pobre, que se le queda algo, pero acelera su paso, corre por la vereda como un galgo y se sube al colectivo de un salto.

Y se va.

Ella no le cree.

Me levanté por el frasco. Fui por él y adiviná, era nuestro. ¿Recordás el frasco? ¿En la banquita? Bueh, no se de dónde lo saco, pero yo ahora apuesto a que no, estoy seguro que no y me das asco. Pero no estoy seguro. De repente recordás y entonces me doy asco.

Por si no te acordás era un frasco vidriotinto repleto de palabritas, nuestro frasco. Lo abrí para mirar las palabritas, todas negras, todas con letra chiquitita. Serifadas colibrí, como a ti te gustan.

Esperá, fue ahí, cuando yo me convertí en palabra y estaba en el frasco. Y fue ahí cuando llegaste, en la blanquita donde fue nuestro lo que te muestro. Y fue ahí cuando me esperaste una hora, la nariz te quemaste con el sol. Y fue ahí llevando ese vestido. Y justo ahí, me maldije. Vos te fuiste. Y fue ahí, cuando supe que lo que te muestro ya no era nuestro.

Amor, siempre fui una palabra querida, querida mía, no es verdad, no es amor, ni por amor que soy palabra, soy sólo lo que sale de tu boca, boba.

Ella se levanta, se seca las lágrimas, se acerca al oído de él y le dices dulcemente:

Qué hijo de puta que sos, esas también, son mis palabras.

No me ofende, creeme. Te quiero más, si desaparecés por la puerta, estás muerta.

Paso a paso, suficientes siete pasos.

¿Estás ahí? ¿Detrás de la pared? Avisame, porque yo aún te quiero, decí otra cosa. Haceme mejor palabra. “Compañía por ejemplo” no te hagás la brava.

Por ahora. Iremos nuevamente a la blanquita y serán nuestras las palabritas.

Creo que ya no es tan ridículo.

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