Primera escena (única):
De la lluvia, las mariposas y la gloria.
El tiempo era diferente, existía, pero solo en sus cabezas, no era sagrado.
Esta historia comienza en el tiempo del día en que las sombras vuelven a empezar a desarrollarse.
Acto I: La lluvia
Se trata de las almas -dos- que viajaban en la barriga de una oruga roja, una de ellas tenía dos hermosos brazaletes de un color enigmático, adornadas con círculos graciosos.
Un viaje dictó silencio, sólo hasta que la oruga abrió su médula, en la casa de aquel que gobierna en nombre del errisopo. El cielo simplemente coqueteó durante todo el día, claro, tenía que hacerse notar, dejando al descubierto su ojo amarillo primero, abriendo todo su ser después, empapando a las inquietas almas mondovientes..
Ya afuera de la oruga y bajo el yugo de la intemperie, las almas buscaron refugio, tratando de permanecer flotando entre el aire que se había tornado albumiso, ellas no eran hábiles aún para esquivar cada una de las gotas que caían del flirteo del techo de su único mundo.
Supieron pues, llegar hasta su fatal destino, el afán de evitar el agua, y estar preparadas, las llevó a arribar antes de que aquel lugar, tan frívolo como el que más, al menos hasta la presencia del Zar, abriera sus meartacas.
Las almas supieron la inutilidad de permanecer allí aguardando y no persistieron mucho en plantarse a las afueras del sitio. Se arrojaron, entonces, al mundo, que había dejado de jugar desde las alturas. Este hecho, fue quizás, la prueba para aspirar y hacer suya, la escena fatal que se obligaban a presenciar.
La prueba en realidad fue una batalla, que contó con dos buenos guerreros. La mayor, enviada por Cronos, con su aspecto anémico, alargado: La Espera. El otro, obeso, con un color meloso, lerdo a su paso, pero difícil de derrumbar: El Hambre. El panorama no era cómodo para las almas, y lucía gris, pero pronto se llenó de una preciosa gama de colores, al llegar caladas, unas hermosas aliadas, aladas y engalanadas mariposas gigantes, que combatieron junto a las almas, en el prado convertido en arena.
Acto II: Las Mariposas
La pelea comenzó sin aviso, y algunas mariposas caían rápidamente, otras, dada su gracia y capacidad de hipnotismo oponían mayor resistencia a la monstruosa Espera, agitando sus alas y dibujando esencias a su alrededor, las almas cabalgaban sobre una y otra amriposa, después parecían revolotear tal y como las mariposas, perdiéndose de la vista de La Espera. Fue todo tan mágico, policromático y con tanta luz, que La Espera se contrajo, y fue luego tan diminuta, que aunque existía, dejó de existir. En cuanto al Hambre, hasta el día de hoy ningún testigo recuerda cómo lograron desaparecerla.
Pensaron pues las almas, que habían superado la prueba, dispusieron volver al recinto. Fueron diligentes en su flotar esta vez, flotaron deprisa y sin cautela, dejando pistas que serían halladas por la espera, que aún existía. Esta imprudencia de las almas hizo que La Espera ganara un segundo respiro y retomara su ímpetu, una terrible batalla se libró enfrente de las puertas del recinto. Las mariposas soñaban ya, y no estaban dispuestas para la guerra. Y en realidad fue terrible, La Espera supo cómo herir las almas, torturándolas, atormentándolas, una y otra vez, se placía de su maldad, aún así, las almas nunca pensaron en rendirse, porque de alguna forma sabían, por sueños, lo que sucedería allí.
La espera había desecho a las almas que estaban tendidas en el fondo de una fosa, cuando más mortificaba La Espera a las almas, bastó solo un susurro del Zar, sólo el sentir su presencia para reducir dicho monstruo a cenizas. Y sólo hasta ese momento se percataron de otras muchas almas que también anhelaban ingresar para el fatal suceso.
Acto III :La gloria
Despacio, y una por una, fueron las almas ingresando al lugar, murmuraban entre ellas, especulando acerca del Zar y el fatal acto que estaban esperando. Había un espacio para el rito, mientras tanto, como solía y aún suele suceder, un bufón anunciaba de absurdas maneras los pasos del Zar hacia el altar. Las almas se miraban entre sí y oían perfectas melodías mientras la ansiedad los investía.
Todas las almas sintieron los mismo, un perpetuo congelamiento en tan sólo tres segundos, antes de verlo, casi no cabía en aquel sitio, que ante su presencia se desvaneció, todo se desvaneció y el mundo ahora era sólo para él, esto es lo único que puedo decir, lo que hizo durante la noche y de la forma en que las almas fueron poseídas por él, es inútil tratar de explicarlo nadie me lo ha podido decir,, hizo realidad todos los sueños de su infinita grandeza, embriagó y enloqueció a cada una de las almas, con cada episodio.
El blanco Zar cantó y tocó su prodigioso instrumento, haciendo que sus melodías rebasaran la imaginación, lo hizo por toda la noche, terminó con el mayor júbilo de las almas que cayeron agonizantes cuando el Zar desapareció dejándoles el cóctel de gloria y muerte.
Cuentan que nuestras amigas almas, encontraron después un aliado, que las ayudó a encontrarse con el Zar, este episodio fue mortal, decir que el Zar las tomó robadas para siempre, merecería otro relato, menos profano que este, pero es tan sólo un mito, como lo que acabo de contar, que es tan solo eso, un mito.
1 comentario:
Cada uno de los tres actos merece un comentario especial
Primer acto: La oruga- todo el potencial encerrado en un desagradable capuchón, pero que pronto pasa ese estado no deja la mas pequeña huella, que poco nos detenemos allí que poca importancia le damos, ¿ será que no nos damos cuenta de todo lo que allí se encierra? La oruga primer estadio de esa metamorfosis empieza la maduración, no han aparecido alas, no hay color, aun no es protagonista de nada es la paciente espera de la transformación en otro ser que va a ser admirado por su belleza por la agilidad de sus movimientos por la delicadeza de su estructura.
La mariposa- ser extraordinario pero es duradero ese esplendor?valió la pena la espera para extender las alas y volar a su antojo, dejar las ataduras de su primera aparición e ir en busca de...de eso que no se que es pero que es el motor que no permita que me estacione, que me mueve eso que creo me va a llenar de plenitud, de felicidad, de realización
tercer acto- el final feliz?
Logre embriagarme de aquel que lleno el espacio e hizo que todo lo demás desapareciera. Pero qué permaneció? El recuerdo de los momentos fugaces en que me sentí pleno, realizado, libre y feliz.
El mito todo es un mito seguimos buscando, seguimos explorando hasta el último aleteo hasta el último suspiro.
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