Para no perecer otra vez, me tomé la primera cerveza rápido, le segunda, con más calma, y salí a caminar asfalto. Maleta al hombro, a botar el alma. Iba por una calle de doble vía, una boa de doble vida, pensando que era de una sola vía, mi vida. Sin embargo, era de doble mano, bajo la neblina. No la vi, la camioneta negra que venía, monosílaba, todas las camionetas negras, me pasó por encima y me aplastó la cabeza. Desperté acá, pasadas las trece. Apuntándole en la cabeza a la cajera, y pidiéndole el dinero. Estoy en un Banco, ella está muy tranquila, aunque amarillenta, asumo que la han asaltado varias veces, mientras tanto es la primera vez que asalto un banc-
-ómo les voy a decir, quelas piernas de Martha Lucía se quedaron ilegales escarlatinas en Nueva York y son adictas a la heroína, y que la cabeza de Héctor Fernando, está desparramada en una calle en Lima, y el resto de su cuerpo está preso acá, por asaltar un banco y acantonarse en un bus?. Estoy muy borracha para pensar en eso, sólo espero que este caballo ballestero, poca cosa, sepa cuál es el camino a c-
-ndida la foto expuesta en una galería neoyorquina, en treinta mil dólares, sobre treinta mil dólares, sobre otros treinta mil dólares martillados”… una foto, del desierto, del cielo desierto, noventa mil dólares, para comprar drog-
-no es que no tenga ojos, sí que los tengo, no es que no pueda enfocar la ciudad confundida, es que mi luna está empañada, dijo. “Luna” qué poético, pensé, y en mi luna roja naranja pensé, voy a ir preso, y no me va a creer que salí a robar un banco, o lo que sea.
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