viernes, enero 17, 2014

Nintendo

Uno

Nos están mostrando esta casa para comprarla, creo, o hay una fiesta, no sé bien. Estoy a mitad de la escalera, subiendo a la segunda planta, el piso es todo alfombrado y hay unos cuadros de mal gusto.  Me recuerda la casita de Concepción, no por los cuadros, también hay un busto. Tiene barandas de madera, son blancas y huele a tabla de quesos con buenos jamones. Subo, la gente está concentrada en el estudio, hay unas diez personas y es invierno, prefiero ir a ver la habitación principal pero hay una fuerte discusión entre la que parece ser la pareja dueña de la casa, una señora medio redonda y un tipo con camiseta celeste con estampado de un casete de Nintendo no hay más habitaciones. Para evadirlos curioseo un baño, huele a shampoo y no me miro en el espejo, ahora no recuerdo si no había espejo o no quise mirarme. La pareja pasa por detrás de mí gritando no sé qué. Los sigo, pese a que son alaridos los que están dando, me parecen de algún modo divertidos estos dos personajes, hasta ahí nada que alarme.

Y dos.

 Debo detenerme en la escalera, entran rápidamente a la cocina y salen. El tipo abre la puerta con ganas de largarse, ella cierra la puerta y no lo deja salir, él me mira, subo un par de escalones de espaldas para que ninguno se dé cuenta que estoy ahí a menos que me señalen. Soy un tonto no interpreté su mirada. Ella grita

“¡Te voy a apuñalar, te voy a apuñalar!”

yo debo aguantarme la risa, me parece tremenda histérica ahí parada. De pronto escucho el sonido de un cuchillo entrando varias veces por el cuerpo, asumo, del chico. Me congela, no puedo creerlo, debe ser otra cosa, recuerdo el rasta apuñalado a pocos metros de mí esa vez y me da angustia que esté pasando algo como eso nuevamente  junto a mí, me pellizco. Hay un silencio corto, que se interrumpe cuando la gente en el estudio retoma su charla y sus risas y sus bebidas. Escucho sollozos de la redondita en la cocina, bajo un par de escalones y me asomo para ver qué quedo en la escena, las heridas. La angustia me domina, no fue un cuchillo, fueron varios, la vieja había clavado al tipo a la puerta con, creo yo, cuatro cuchillos enormes. Del estampado de Nintendo no queda nada, una mancha deforme. Subo trastabillando y casi gateando al segundo piso con unas terribles ganas de llorar. Con el aliento que no me ha abandonado y  que entrecorta mi voz les cuento a los que estás allí en el estudio lo que acaba de pasar, y que claro, habría que llamar a la policía y esperar. La gente baja corriendo, sin cautela mientras yo marco 911 en mi celular. Los gritos de desesperación de las mujeres apenas me dejan escuchar el otro lado de la línea “el número que usted ha marcado es inexistente”.


Igual nadie quería llamar a la policía, la protegen a ella, su llanto, cierran  todo, salto por una ventana, me voy en bus.

1 comentario:

Anónimo dijo...

supongo que enero es el lunes del ano, todo se ve gris en lunes