Uno
Nos están
mostrando esta casa para comprarla, creo, o hay una fiesta, no sé bien. Estoy a
mitad de la escalera, subiendo a la segunda planta, el piso es todo alfombrado
y hay unos cuadros de mal gusto. Me
recuerda la casita de Concepción, no por los cuadros, también hay un busto.
Tiene barandas de madera, son blancas y huele a tabla de quesos con buenos
jamones. Subo, la gente está concentrada en el estudio, hay unas diez personas
y es invierno, prefiero ir a ver la habitación principal pero hay una fuerte
discusión entre la que parece ser la pareja dueña de la casa, una señora medio
redonda y un tipo con camiseta celeste con estampado de un casete de Nintendo no
hay más habitaciones. Para evadirlos curioseo un baño, huele a shampoo y no me
miro en el espejo, ahora no recuerdo si no había espejo o no quise mirarme. La
pareja pasa por detrás de mí gritando no sé qué. Los sigo, pese a que son
alaridos los que están dando, me parecen de algún modo divertidos estos dos
personajes, hasta ahí nada que alarme.
Y dos.
Debo detenerme en la escalera, entran
rápidamente a la cocina y salen. El tipo abre la puerta con ganas de largarse,
ella cierra la puerta y no lo deja salir, él me mira, subo un par de escalones
de espaldas para que ninguno se dé cuenta que estoy ahí a menos que me señalen.
Soy un tonto no interpreté su mirada. Ella grita
“¡Te voy a
apuñalar, te voy a apuñalar!”
yo debo aguantarme
la risa, me parece tremenda histérica ahí parada. De pronto escucho el sonido
de un cuchillo entrando varias veces por el cuerpo, asumo, del chico. Me
congela, no puedo creerlo, debe ser otra cosa, recuerdo el rasta apuñalado a
pocos metros de mí esa vez y me da angustia que esté pasando algo como eso nuevamente
junto a mí, me pellizco. Hay un silencio
corto, que se interrumpe cuando la gente en el estudio retoma su charla y sus
risas y sus bebidas. Escucho sollozos de la redondita en la cocina, bajo un par
de escalones y me asomo para ver qué quedo en la escena, las heridas. La
angustia me domina, no fue un cuchillo, fueron varios, la vieja había clavado
al tipo a la puerta con, creo yo, cuatro cuchillos enormes. Del estampado de
Nintendo no queda nada, una mancha deforme. Subo trastabillando y casi gateando
al segundo piso con unas terribles ganas de llorar. Con el aliento que no me ha
abandonado y que entrecorta mi voz les
cuento a los que estás allí en el estudio lo que acaba de pasar, y que claro,
habría que llamar a la policía y esperar. La gente baja corriendo, sin cautela
mientras yo marco 911 en mi celular. Los gritos de desesperación de las mujeres
apenas me dejan escuchar el otro lado de la línea “el número que usted ha
marcado es inexistente”.
Igual nadie
quería llamar a la policía, la protegen a ella, su llanto, cierran todo, salto por una ventana, me voy en bus.
1 comentario:
supongo que enero es el lunes del ano, todo se ve gris en lunes
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