Saqué un cigarrillo
de entre el frío, todo blanco el cigarrillo. Y yo. Más de treinta ¿tal vez? Lo prendí -lo-puse-en-la-boca-salí. Salivaba,
iba, venía y salía. No fumo, es sólo un ademán de jardín. Así parece que estoy
en una película aguda. Que esto es una película. Ante de los nervios en la garganta,
ante la encrucijada, tengo una audiencia que me ve refinado tras la pose del
humo claroscuro. Ese olor me gusta a mí. El olor del claroscuro, el de las
cosas que pasan no. Ahora suceden, eso es seguro, pero no pasan, ahí están las
cosas. Como que me miran desde adentro y por eso salí, como si al frío no se
atrevieran a salir. Debería fumarme un porro clemente, drogarme, salir un poco
más y de mí. Pero no, eso sería otra cosa. Y ya hay suficientes cosas. Cierro
la reja, por las dudas. No porque las dudas salgan, las dudas las tengo acá,
apartadas de las cosas, dudas y cosas no quiero mezclar y ya el cigarrillo se
quemó todo, era el único porque no fumo. Allá dejo las cosas, me voy, hemos
matado a varios, hemos cumplido nuestra macabra palabra, nuestro plan maldito,
exquisito. Por eso salivaba, el plan era delicioso, y entonces yo lo recordaba
y me llenaba la boca de babas. Los habíamos matado impecablemente, perdí la
cuenta de los muertos y la bebida, el checklist
de nuestros aciertos, más de treinta, tal vez. Cuando empezamos, los anotábamos
muerto por muerto, muertos de alegría con un whiskey, sírveme otro Luisito, que
sabe bien la muerte, sin hielo, un poco nomás, es fuerte el sabor de la muerte
alrededor, hielo por favor y la lista en el primer cajón. Luego quemamos la
lista cobriza, de alguna forma le quitaba elegancia a nuestra masacre de largo
aliento, era egoísta. Luna llena claro, clara, pero baja, ilumina a un pastor
alemán cagando, el dueño listo a agarrar la caca con la mano y ponerla en la basura,
no lo hace y ahora voy a matarlo sin mediar palabra y a sus hermanas. Mientras
le hundo a su dueño una navaja, el perro ladra, un gruñido, dos ladridos, tres,
cuatro, cinco diez puñaladas, y otra certera, se la dejo adentro, entera, y a
él, tendido en el pasto, el perro lo lame, siento pena por el perro y estoy
cansado, pero valió la pena el gasto, valió la decimotercera. Quisiera otro
cigarrillo, hacer mi gesto de fumar mientras no fumo y acariciar al perro que
sigue lamiendo a lo que era su dueño, pero el dueño levanta la mierda del piso
y me ahorra el trabajo. Vuelvo a mirar las cosas desde afuera. Hoy debería ser
noche de crimen, pero ninguna noche será ya sublime, no para nosotros, nosotros
ahora es sólo mi rostro, a Luisito lo encontraron primero, Luisito ya está en
otra lista. Que me van a encontrar, que me van a ver, que no voy a correr, pero
voy a pelear, que mi espíritu suicida va
a saltar por fin antes que mi cuerpo sea prisionero. Esas, esas son las cosas
que veo desde afuera, las veo porque dejé la luz encendida antes de salir con
el cigarrillo y las nubes ocultaron la luz de la luna, quisiera que todo se
repitiera, quisiera que todo se repitiera.
Hace mucho frío, pero yo no tiemblo, dejé de temblar desde mi segundo
muerto, el ex alcalde, el cuarto de la lista, cuando había lista y muertos. Por vez primera hay un gusto amargo en el
aire, siento que me quiebro y me siento en el pasto, me siento pasto y espero
al lado del cedro.
Vienen las cosas
que resplandecen, no voy a correr, ahí vienen con luces, corren hacia mí, son
reflejos de luces que me gritan, que muestre mis manos, que no me levante, me
molesta que sepan que soy yo quien mató a todos, pero para pelear tengo que
ponerme en pie, tengo una navaja, la luna sale al tiempo con mi navaja, navaja
luna y yo, un tiro repentino en mi cabeza, se siente caliente, como esa vez. Entonces
no veo la luna baja, entonces no velas
cosas, no veo ni peleo. El perro chilla en off, más hielo, salud, misericordia.
1 comentario:
Ese juego de realidades deja un no se qué que espanta. Empezaré a mirar por encima del hombro después de cada whisky, no sea que a tu ausencia le dé por cumplir tu cometido.
Un abrazo.
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